Historia: Lobo-hombre

Esta es una historia corta que se me ocurrió de pronto inspirada en una canción, si les agrada (o no) dejenme sus comentarios.

portada lobohombre

1

     Akuh recorría el bosque solitario con un paso lento sobre sus 4 patas, sólo sus pensamientos lo acompañaban en ese momento; esa misma tarde su padre lo había regañado, y no es que hubiera hecho algo particularmente malo, simplemente él nunca lograba estar a la altura de su hermano mayor Ekih y todo lo que hiciera para impresionar a su padre nunca era suficiente. Él es un lobo de la estirpe de plata, es el segundo hijo del Rey Ekiman quien gobierna todos los clanes de lobos de la región. Ya le habían advertido que no se adentrara sin compañía al corazón del bosque ya que antiguas leyendas oscurecían ese lugar.
Intencionalmente él no querría desobedecer esa única regla que aplicaba para todos por igual, sino que estar perdido en su mente causó que perdiera también el camino. El sendero pronto se quedó atrás y cuando se dio cuenta de esto y quiso recuperarlo fue demasiado tarde. Akuh continuaba caminando desorientado, nunca se había alejado tanto de casa y si tan sólo una leyenda de las que se hablan sobre el lugar era real; entonces se encontraba en graves problemas. Fuera lo que fuera, lo que había hecho en la tarde, ese pensamiento ya había abandonado su cabeza, ahora sólo podía pensar en encontrar un rastro que le resultara familiar para poder seguirlo y regresar a casa.

El bosque en plena madrugada era tan oscuro que sólo algunos arbustos o rocas eran iluminados por los rayos de luna que los espesos arboles dejaban entrar. Continuaba olfateando fuertemente, tanto que llevaba los ojos cerrados para concentrarse mejor –de cualquier forma casi no podía ver nada–, incluso había acercado tanto la nariz al suelo que en algunas ocasiones se la había golpeado con algunas pequeñas piedras. Por un buen rato continuó caminando de esta forma con la idea firme de que en cualquier momento encontraría el aroma de otro lobo que lo guiara, si no a casa, con algún otro clan de lobos en donde estaría seguro.

 Finalmente, luego de un rato, llegó a un claro en el bosque, estaba situado muy afuera del territorio de su padre, abrió los ojos al sentir la fresca brisa en su pelaje café, era un cambio de habiente muy agradable comparado con lo tétrico de hace unos minutos, aquí la hierba debajo de él era corta y la luz un poco blanca de la luna le daba un tono verde azulado, además era muy suave, ese claro también estaba lleno de luciérnagas que centellaban con un cálido tono dorado, salían de un arbusto y volaban hasta posarse en otro haciéndolo parpadear, algunas volaban cerca de él haciendo que su pelaje diera unos destellos dorados que dejaron maravillado a Akuh; entonces por fin se dio el tiempo para descansar pensando que era un lugar muy agradable y, aprovechando que no habían árboles en ese lugar, pudo darse cuenta de que había luna llena. Dio un giro en su lugar y se echo a descansar.
La magia de ese lugar lo había atrapado y había olvidado por completo la situación en la que se encontraba, su relajación fue tanta que olvidó por completo el mejor consejo que su hermano pudo darle ­–siempre debes hacerle caso a tus instintos ­–y de haberlo hecho nunca hubiera bajado la guardia, después de todo el bosque era un lugar peligroso.
Su descanso, aunque reparador, fue corto e intranquilo. Akuh se despertó desorientado, levanto la vista al cielo y notó que la luna apenas se había desplazado un poco, debieron pasar sólo unos minutos. Se incorporó lentamente mientras planeaba que hacer, dio vueltas intentando buscar un camino que seguir y fue entonces cuando se percató de que las luciérnagas se habían marchado, de alguna forma eso entristeció el lugar.
Se mantuvo mirando la luna llena durante un momento hasta que un aroma extraño que nunca había percibido saturó por completo el ambiente, no sabía por qué pero la situación le estaba provocando temor, estaba en un lugar muy lejos de casa, solo y por alguna razón relacionó ese olor con que las luciérnagas desaparecieran, bajó la vista intentando buscar la fuente del aroma y entonces le pareció ver dos de ellas más allá del claro junto a un árbol, al principio no le dio mucha importancia pero conforme ese par de luciérnagas se acercaba, más fuerte era el aroma, finalmente les puso la atención que requerían y pudo observar la principal diferencia con los otros insectos del lugar, ese par, que volaba y se movía de forma simultánea, no eran doradas como el resto, sino que eran de un tono rojo intenso, se detuvieron detrás de un arbusto antes de entrar en el claro.
Akuh dio unos pasos hacia ellas pero al mismo tiempo las luciérnagas retrocedieron. Akuh las miró extrañado y forzó la vista para poder ver mejor en la oscuridad que las rodeaba entrecerrando los ojos. De pronto el brillo de las luciérnagas se apagó al mismo tiempo. El cachorro de lobo creyó entonces que las luciérnagas se habían cansado o se habían marchado, les restó importancia y se dio vuelta para marcharse de ahí.
De pronto algo lo asustó, un ruido característico al quebrar una rama contra el suelo detrás de él, giró en redondo y notó que las luciérnagas rojas estaban ahí, fijas en el aire un poco más cerca, ahora pudo notar también una silueta y comprendió que esas luciérnagas no eran luciérnagas en realidad, eran unos ojos llenos de maldad que habían estado mirándolo todo el tiempo.
La silueta apenas visible provocó en Akuh un gran temor que causó que sus patas se pusieran rígidas y todo su pelaje se erizara, entonces comenzó a gruñir mostrando sus colmillos –justo como le había enseñado su hermano para mostrarse feroz–. La silueta no se movió a pesar de los ladridos del lobo. Akuh, que no había apartado la mirada de esos ojos, ya había tenido tiempo para analizar la silueta, no era de ningún animal que él conociera, se parecía a un oso pero más bajo y delgado y se mantenía todo el tiempo sobre sus patas traseras, además parecía no tener tanto pelo. Definitivamente no era un animal que él conociera. Intentó hacer que el monstruo retrocediera lanzándose hacía él en una arremetida pero cuando el lobo dio sólo unos pasos ladrando aun más fuerte, notó que la silueta seguía exactamente igual; por un momento hasta dudó que realmente fuera algo vivo y pensó que bien podía tratarse de un tronco o algunas ramas y arbustos en la oscuridad lo que jugaba con su mente. Akuh ahora estaba más cerca de la silueta, la oscuridad del bosque aun le impedía distinguir qué era, pero el olor se había intensificado. No se atrevía a acercarse por completo y adentrarse en la oscuridad para averiguarlo, pero tampoco le quitaba la mirada a ese par de ojos rojos, o luciérnagas rojas, o lo que fuese. Finalmente, y tras pensarlo bien, se relajó pensando que no había amenaza, se dio vuelta y levantó la vista para ver la luna llena una vez más antes de incursionar en la oscuridad. Se detuvo en el perímetro del círculo que formaba el claro y giró la cabeza para asegurarse por última vez de que no había peligro; la silueta seguía en su lugar y lo que parecían ser sus ojos aún lo miraban. Akuh dio un gran suspiro y continuó su camino.

Ahora, ya fuera de la tranquilidad del claro, intentaba que sus pensamientos regresaran a lo que verdaderamente importaba: Encontrar el camino a casa. La visibilidad ya se había reducido de nuevo, tenía que concentrar toda su atención en su sentido del olfato y el oído, pero encontrar un rastro que lo guiara correctamente era algo difícil ya que el olor que había percibido en el claro no se quedaba atrás. Mientras caminaba, de nuevo con la nariz casi pegada al suelo, intentaba recordar los consejos de su hermano, el príncipe heredero a dirigir los clanes de los lobos era, después de todo, un cazador experto en todos los terrenos. También intentaba recordar el cariño de su madre y el calor de su cueva al dormir junto a ella –quizá era este su mayor motivo para regresar lo más rápido posible a casa–, incluso intentaba recordar la causa de su fuga y lo que le había dicho su padre con tal de no pensar en su situación, pero en ese momento la imagen de esos ojos rojos, fijos en él, borró todo en su mente dejando sólo oscuridad y el rojo intenso de esa mirada en su lugar.
Akuh se detuvo, agitó la cabeza intentando sacudirse esa imagen siniestra y en ese momento fue cuando sintió que algo lo golpeaba por detrás. Le pareció que algo se había arrojado fuertemente sobre de él abrazándolo para que no se pudiera mover. Todo ocurrió muy rápido, Akuh no pudo ver o escuchar que fue lo que se acercó de forma tan demente a él, intentó girarse, sacudirse y morder pero todo fue inútil, lo que fuera que estuviera sobre de él era muy pesado y más grande que el lobo. Entonces recordó la silueta y su descripción, el peso coincidía, lo que lo estuviera sujetando tampoco tenía pelo, era bastante fuerte pero definitivamente no era un oso. De pronto la criatura se movió y Akuh sintió que sus patas delanteras se liberaban, esto dio al lobo oportunidad para medio incorporarse y cuando sintió que su atacante intentaba inmovilizarlo lanzó una fuerte mordida que causó que la criatura emitiera un grito en alguna lengua que Akuh jamás había escuchado. Entonces, como si se tratara de alguna especie de venganza, la criatura mordió en el lomo a Akuh causándole un increíble dolor que prácticamente lo paralizó, el pobre príncipe lobo lanzó el aullido más fuerte que pudo, un extraño calor comenzó a recorrer su cuerpo desde el punto de la mordida, en instantes todo su cuerpo se encontraba muy caliente, se sentía muy débil y parecía que incluso se desmayaría. Ahora se encontraba tirado en el suelo, desplomado y con la mente en blanco, no estaba inconsciente pero por alguna razón no sentía ganas de moverse incluso cuando sabía, aunque no conscientemente, que ya nadie lo sujetaba.

 Akuh cayó en un profundo sueño. Se encontraba en el claro del bosque de nuevo, y de nuevo estaba lleno de luciérnagas, pero estas no eran doradas, y estar en ese lugar no le provocaba la tranquilidad que él recordaba, la sensación al estar rodeado por miles de luciérnagas rojas le deba mucho más que miedo, en realidad estaba aterrado, su cola estaba entre sus patas traseras, su cabeza agachada y las orejas apuntando hacia abajo. De pronto las luciérnagas se juntaron en pares y cada par de luciérnagas formó una silueta que lo asechaba. Se encontraba rodeado, no podía correr a ningún lugar y cada vez las sombras con ojos carmesí se acercaban más y más y cuando finalmente estuvieron a su lado y se disponían a sujetarlo, Akuh sintió un gran dolor que lo despertó de esa pesadilla.

 2

      Se encontró a sí mismo tirado en el bosque, estaba solo y adolorido, de inmediato recordó el horror que vivió e intentó levantarse. Lo logró torpemente gracias a la herida que aún sangraba en su espalda, apenas unas gotas. Era de día, el bosque no era lo suficientemente espeso como para impedir que el Sol se adentrara a través de las ramas de los frondosos árboles y de esta forma Akuh pudo distinguir en donde se encontraba, igual no conocía esa zona del bosque pero eso era mejor que recorrerlo en la oscuridad.
Caminó por varias horas hasta que su olfato percibió un aroma familiar, finalmente había llegado al territorio de un clan de lobos perteneciente a su reino y eso le hizo sentirse aliviado. Caminaba lentamente debido a su cansancio y heridas cuando escuchó varias pisadas aproximándose. Un grupo de lobos salía a su encuentro; de entre los arbustos o los árboles saltaron para rodearlo de forma muy agresiva con las orejas en punta y enseñando los dientes mientras gruñían. Akuh se sintió asustado una vez más. De pronto el más grande de los lobos que lo amenazaba se calmó y con un solo gesto de su cabeza los demás lo imitaron.

–Perdónenos, joven príncipe –dijo el lobo alfa de ese grupo mientras los otros se retiraban–, no lo reconocimos, su olor es… peculiar.
–¿Peculiar? –Preguntó Akuh extrañado.
–Sí, no es el aroma común del linaje de Ekiman, ni siquiera me parece un aroma familiar en todo el bosque. Pero venga, es evidente que necesita descanso.

En ese lugar Akuh fue atendido de su herida, el lobo anciano encargado de curarlo hizo el comentario de que nunca había visto una mordida como la que traía en el lomo, pero como no representó gran problema de atender hasta ahí llegó ese asunto. El príncipe durmió, aunque en una cama de hierba sencilla, lo hizo muy tranquilo todo el día y noche. A la mañana siguiente se organizó un desayuno especial en honor a Akuh –no siempre se puede compartir la comida con la realeza–, al terminar le dieron unas provisiones para el viaje envueltas en unas hojas y le indicaron de forma precisa la ruta a su hogar, no había forma de perderse, sólo tenía que caminar en línea recta y pronto llegaría a un sendero conocido que lo conduciría a su territorio.
Akuh era muy joven y nunca se había interesado ni en la política de su padre ni en las tácticas de su hermano, de haberlo hecho sabría que de nuevo era observado. Continuaba con su marcha, el Sol ya casi se ponía en el horizonte tiñendo el cielo de un característico naranja; firme gracias al descanso y alimento que había recibido, pero lento, a decir verdad no tenía mucha prisa en llegar ya que sabía que, o estaba en su territorio, o se encontraba ya muy cerca. Este conocimiento le hizo olvidar por un momento su experiencia y recordar el problema que tuvo con su padre y el nuevo regaño que recibiría por haber escapado de casa. Su única motivación era llegar con su madre.
El extraño olor que despedía Akuh era lo que había alertado a los soldados de Ekiman pero cuando estuvieron convencidos de que era su Príncipe lo dejaron cruzar el sendero solo hasta que llegó a la cueva del rey no sin antes enviar un mensajero anunciando su llegada.
Al acercarse a la boca de la cueva, Akuh comenzó a revolcarse en la hierba y tierra para deshacerse de ese olor que todos decían que tenía pero que él no sentía, de esa forma olería a su bosque, aún así esperaba recibir ese regaño de su padre, un discurso de su hermano de cómo era mejor y él un inútil o simplemente una mirada desaprobatoria, pero en lugar de eso su madre lo esperaba muy preocupada; al verlo acercarse ella corrió a su encuentro y unas lamidas en su nariz le indicaron a Akuh lo preocupada que había estado su madre.
La cena transcurrió más incomoda que de costumbre para Akuh, nadie le dirigía la palabra, su hermano mayor sólo lo miraba de vez en cuando con unos ojos burlones y superiores con una sonrisa cómplice. El rey sólo hablaba cuando se dirigía a su primogénito o a la Reina. Fue en ese momento cuando la Reina desaprobó la conducta de ambos por lo que el Rey finalmente le dirigiría unas palabras a Akuh –él deseaba que su madre no hubiera intervenido–, pero la situación fue interrumpida por un lobo del Rey quién anunciaba malas noticias. Akuh se alegró –de que fueran interrumpidos, no de que trajeran malas noticias–. El mensajero le informó al Rey que un intruso fue visto en los alrededores por lo que, tanto el Rey como el príncipe Ekih, salieron de inmediato a darle cacería. Akuh no reconoció el nombre de la bestia que mencionó el mensajero, no creía haberlo escuchado en toda su vida y no pudo preguntarle a nadie al respecto ya que incluso su madre salió de la cueva para despedir a su familia y desearles suerte.
Ni el Rey ni su hermano volvieron hasta la mañana siguiente, por parte de ellos el asunto de la ausencia de Akuh fue olvidada e incluso insignificante.

Pasaron varias lunas y la herida de Akuh no había sanado por completo, la marca de los dientes de aquel animal que lo atacó nunca cerraron y ahora parecía infectado, lo más curioso es que en la herida, sólo por la noche, aparecía un ardor que le quemaba la piel alrededor de la zona de la mordida. Era momento de contarle lo ocurrido a su madre.
Al enterarse, su madre se preocupó mucho y luego de darle un fuerte abrazo lo llevó con el lobo que atendía las heridas en su clan. Como había ocurrido en el otro lugar, el médico no reconocía al animal que le había causado esa mordida ni siquiera cuando Akuh le dio la sencilla descripción de esa extraña silueta en las sombras. Lo único que el médico pudo hacer fue ponerle al pequeño lobo un vendaje de hojas y una mezcla de hiervas para intentar detener la infección y con eso el médico esperaba eliminar el efecto que tenía la mordida y cerrarla de una vez por todas, la Reyna se tranquilizó sólo un poco con este remedio pero igual confiaba que fuera suficiente.
Esa noche Akuh también tuvo mucha fiebre a pesar de la medicina, más que en la noche anterior, le ardía tanto el cuerpo que le provocó pesadillas. Esta vez no le sorprendió soñar con las luciérnagas rojas y la silueta, que no importaba que tan grande fuera la luna llena en sus sueños, nunca podía ver más que sombras, cada vez estaba más y más cerca y cada vez era más grande.
Mientras tanto la Reina intentaba contarle sobre la herida y la experiencia de Akuh al Rey, sólo pudo contarle que esa noche se había perdido y que ahora tenía una herida, pero antes de poder decirle sobre el ataque y aquella bestia que parecía que nadie conocía, Ekiman la interrumpió argumentando que era una experiencia que tenía que sucederle para fortalecerlo y hacerlo un verdadero lobo, valiente y feroz, no el tierno y pequeño lobo que era ahora pegado todo el tiempo a su mamá.

 Más lunas pasaron. Aquel intruso que cruzó el perímetro del reino no había sido encontrado y su rastro había desaparecido del territorio, ningún soldado había podido identificarlo, ni siquiera el príncipe Ekih. Sólo un lobo sabía de qué podía tratarse y esperaba equivocarse, lo bueno era que parecía haberse alejado y que no volvería, ya que no había sido visto otra vez. La herida de Akuh no cerraba, sino al contrario.

 3

     Akuh cada día estaba peor, su padre, intranquilo por el intruso, no había abandonado las guardias y siempre asignaba grupos de lobos para revisar la zona y casi todo el tiempo él mismo recorría el territorio, ni a su primogénito le había contado la naturaleza del invasor, Ekih ignoraba el por qué del miedo de su padre pero comprendía su preocupación y responsabilidad, él también hacía varias rondas al día pero la mayor parte del tiempo lo pasaba junto a su madre mientras ambos cuidaban de Akuh muy preocupados. El pobre lobo se encontraba muy débil, pasaba el día sintiéndose muy mal pero lo peor llegaba en las noches sufriendo entre altas temperaturas en su cuerpo que irradiaban tanto calor que calentaban su cueva de inmediato y súbitamente su temperatura descendía hasta que temblaba de frio sin importar que su madre y hermano se acurrucaran junto a él. Casi no comía y había perdido mucho de su pelo café; a pesar de todo esto su tamaño había aumentado casi tanto como para igualar el de su hermano mayor en unos días. La mordida simplemente no se cerraba y a su alrededor todo el pelo se había caído y la piel de la zona había tomado un extraño color pálido y el olor que había percibido en aquel claro atestaba su cueva por completo creando una peste para los demás, no porque en realidad oliera mal, sino porque era un aroma muy extraño y muy intenso que saturaba sus sentidos. Su padre no lo había visitado ni un día.

 El mes en que Akuh había sido atacado por ese terrible monstruo de sus pesadillas casi se había cumplido. Durante ese tiempo la criatura había sido vista una vez más en el territorio pero definitivamente nada cerca de la cueva del Rey, nadie sabía qué era ni que intenciones tenía y el Rey sólo se reservaba sus comentarios cuando su hijo Ekih u otros lobos le preguntaban sobre el tema. De cualquier forma sabía que su padre guardaba un secreto con esa situación y de igual manera sabía que era inútil insistir con eso.

Ekiman regresó a casa al meterse el Sol, llevaba todo el día recorriendo el territorio buscando al intruso sin resultados, en el bosque su aroma ya casi sé había perdido y deseaba con todas sus fuerzas en su interior que eso significara que el monstruo ya no volviera nunca. Como de costumbre, la llegada del Rey fue anunciada a la Reyna quien salió a recibirlo. El Rey se mostraba cansado, la mayor parte del día de todos los días la pasaba vigilando, había comido poco y en ese momento sólo deseaba comer algo e irse a dormir. Mientras entraban, la Reyna lo ponía al tanto con el estado de Akuh esperando que mostrara el interés que su hijo merecía, tardó unos cuantos pasos en darse cuenta que el Rey no continuó caminando junto a ella, volteó a buscarlo y ahí estaba él, petrificado en la entrada con un rostro aterrorizado, sus ojos estaban abiertos tan grandes que a esa luz parecían sólo dos círculos blancos, sus garras estaban fuertemente aferradas a la tierra y sus patas separadas como si estuviera muy alerta pero su cola apuntando al suelo y la expresión de su cara mostraban lo contrario; ver de esa forma al Rey causó en la Reyna que un temblor le recorriera el lomo desde la cola hasta las orejas, el Rey, siempre tan imponente, soberbio y fuerte, ahora parecía sólo un cachorro asustado a punto de correr a las patas de su mamá. La Reyna corrió a su lado para ayudarlo.

–¿Qué está ocurriendo aquí? –Preguntó el lobo a su compañera.
Muy extrañada y preocupada –si es que la pobre se podía preocupar más– le respondió al Rey –No entiendo, ¿Qué ocurre?
–Ese olor, ¿no lo percibes? ¿De dónde viene?
–Es lo que te quería platicar, es Akuh, él… no se encuentra bien.
–¿Akuh es quien despide este aroma?
–Así es, ¿qué es lo que pasa, algo malo?
–¡Cuéntame todo!

La Reyna dudó un momento como pensando por dónde comenzar mientras miraba al Rey muy extrañada por el reciente interés de Ekiman, finalmente ella ordenó sus ideas.

–Verás, todo comenzó la noche en que Akuh escapó, se perdió en el bosque más allá del territorio de los lobos y fue atacado por una criatura desconocida…

La Reyna terminó de ponerlo al tanto, le contó sobre el ataque, la herida, las pesadillas y el olor desagradable que despedía dicha mordida. Ekiman no entendía cómo es que Akuh podría estar despidiendo ese olor en particular y que fuera atacado por una criatura desconocida para todos era lo que lo asustaba más. El Rey exigió ser conducido de inmediato con su hijo, y mientras más se acercaban a él mayor era la intensidad del olor. Cuando llegaron al lugar en donde debía estar Akuh sólo encontraron su cama de hierbas aplastadas y mucho pelo cubriéndola y, a su lado, Ekih tirado inconsciente. Los reyes atendieron a su hijo de inmediato, minutos después ya había recobrado la conciencia y era interrogado por sus padres sobre lo ocurrido.

–No sé bien lo que ocurrió –explicó el primogénito–, de pronto Akuh comenzó a gritar entre pesadillas, estaba hirviendo y daba vueltas por todos lados, me acerqué a él para calmarlo y de pronto despertó, no recuerdo mucho, sólo que me pareció por un instante haber visto, o más bien creí haber visto que el color de sus ojos era de un tono rojo cuando volteó a verme, como si tuvieran luz propia como el fuego, sentí un fuerte golpe que me arrojó hacía atrás… es todo lo que recuerdo.

Sus padres quedaron muy preocupados con este relato y sin perder un segundo más, el Rey Ekiman ordenó a todos los lobos buscar a su segundo hijo. Al salir de la cueva Ekiman y Ekih notaron la intensa luz azul de la Luna llena, ésta les brindaba las mejores condiciones para su búsqueda. El Rey y el Príncipe encabezaron a la manada mientras la Reyna se quedaba en su hogar con la esperanza de que su hijo volviera sano y salvo. Al principió creyeron que no sería una tarea difícil ya que Akuh se encontraba muy débil y además iba dejando un rastro de su pelaje.

En lo profundo del bosque, Akuh finalmente había detenido su carrera para escapar de casa una vez más a pesar de encontrarse tan débil. Se sentía peor que nunca, no era sólo la fiebre que tenía, un intenso dolor desde su interior lo atormentaba por todo el cuerpo, sentía que la cabeza le iba a estallar, una extraña presión le oprimía las patas desde adentro y en su estomago, o más bien en todo su interior, unos extraños cambios se estaban produciendo. Sin darse cuenta, como siguiendo un instinto diferente al de los lobos, se había detenido en un claro en el bosque muy parecido al de las luciérnagas, en él, la luz de la Luna irradiaba por completo el cuerpo de Akuh desde el punto más alto en el cielo, en ese momento el dolor que el pequeño lobo sentía se intensificó más que nunca. Entre unas terribles convulsiones Akuh empezó a perder todo su pelo que caía ligero y flotaba a su alrededor con la brisa rodeándolo como atrapado en un remolino; su cola comenzó a perder tamaño al igual que sus orejas; la mancha clara alrededor de su herida ya había avanzado lentamente por casi todo su cuerpo durante el mes en que Akuh estuvo enfermo, pero en este momento avanzaba rápidamente por lo que faltaba de cubrir de su cuerpo con un ardor muy intenso; los pequeños dedos de sus patas comenzaron a alargarse y al mismo tiempo sus pequeñas garras desaparecieron hasta formar parte de sus nuevos dedos. Cuando esta transformación terminó todo su pelaje café yacía en la hierba a su alrededor a excepción de un mechón en su cabeza, su cola había desaparecido y, aunque un poco encorvado, se encontraba parado en sus patas traseras; definitivamente no sabía lo que estaba ocurriendo pero al menos el dolor y la fiebre habían desaparecido, estaba en una especie de shock, observando la forma en que podía mover ahora sus patas y sus dedos más largos, no mantenía bien el equilibrio y por un rato bastante largo sólo permaneció ahí sin percatarse de que ahora él mismo se parecía a la forma de sus pesadillas. El dolor había desaparecido y con él sus recuerdos, no sabía en dónde se encontraba ni qué hacía ahí, de lo único que estaba consiente era de que sentía un profundo odio hacía algo… o alguien.

 Conforme se alejaban de la cueva y se internaban en el bosque el rastro de Akuh fue confuso, los lobos habían salido en su búsqueda en todas direcciones pero el Rey y su hijo habían salido en la misma dirección y seguían ese aroma tan particular que había dejado en la cueva, pero en cierto punto el rastro se separó, ese aroma les indicaba a través de su nariz que debían seguir de frente pero apenas a unos metros el mismo olor indicaba que debían ir por un sendero completamente diferente.

–Debemos separarnos padre, yo tomaré el camino de frente y
–¡No! –ordenó de manera firme el Rey– Continuaremos juntos, de frente.

Ekih vio una combinación de seriedad y miedo en el rostro de su padre y decidió no cuestionar esa orden y lo siguió tan sólo unos pasos atrás. Momentos después sintieron que el olor se intensificaba, llegaron al claro y notaron todo el pelo que había pertenecido a Akuh, vieron en la tierra unas marcas que interpretaron como una pelea pero nada que indicara el paradero del joven Príncipe. Buscaron por largo rato en los alrededores hasta que Ekih sugirió a su padre que regresaran a casa en caso de que Akuh hubiera regresado, sin mucho ánimo el Rey aceptó.

 Al llegar a casa, el príncipe Ekih notó que aún no habían regresado los lobos a pesar de que ya había avanzado mucho la noche, pensó que una búsqueda ordenada directamente por el Rey para buscar a uno de los Príncipes no se abandonaba rápidamente. Su madre se encontraba sentada a la boca de la cueva sobre la Roca del Rey, esto le indicó que su hermano no había llegado. Entonces se volvió directamente a su padre y le preguntó qué es lo que sabía al respecto, el Rey estuvo a punto de decir que nada, pero previendo esto, la Reyna fue junto a su hijo y lo miró firmemente. Ekiman ordenó sus pensamientos por un momento hasta que finalmente habló a su familia.

–Hace muchos años me encontré con la criatura más despiadada del bosque, era el monstruo más extraño y cruel comparado con nada en el mundo. Su maldad no tiene límite y casi aniquiló a las tribus por completo. En ese entonces creo que eran cinco de ellos y con lo que quedaba de toda la fuerza del reino de los lobos sólo pudimos acabar con cuatro, el último desapareció y yo esperaba… –el Rey hizo una pausa solemne, recordaba a aquellos lobos caídos en esa batalla y la masacre anterior a manos de esa criatura, luego continuó– …deseaba que nunca más volviera.
–¿Eso que tiene que ver con mi hermano? –preguntó el Príncipe–.
–Por la descripción de los guardias sobre el intruso que anda rondando el territorio, y lo que me contó tu madre sobre el monstruo que atacó a tu hermano, creo que se trata del mismo monstruo que nos atacó hace años, y si ese es el caso, estamos en problemas. Y lo que más me preocupa es que Akuh despida ese aroma particular, como si fuera uno de ellos.
–¿Y de qué criatura se trata, padre?
–Es un hombre.

En ese preciso momento aquel olor inundó las narices de la Familia Real, todos voltearon hacía el bosque y debajo de ellos a unos metros se encontraba ese monstruo aterrador del que había hablado Ekiman. Ni el Príncipe o la Reyna habían visto a una criatura tan horrible como la que se encontraba frente a ellos; parado sobre sus patas traseras, medía la altura de tres lobos, sin cola y sin pelo más que en la cabeza y debajo de la cintura rodeándola; pero lo que más llamó la atención de los tres fueron sus extraños ojos rojos. Tanto el Príncipe como el Rey se prepararon para atacarlo, ladraban, gruñían mostrando todos los colmillos y aullaban para llamar a todos los lobos que seguían dispersos buscando a Akuh. El Rey se lanzó contra el hombre pero éste lo esquivó con gran agilidad, Ekih se había lanzado detrás de su padre y el hombre no pudo esquivarlo pero en su lugar le asentó en fuerte golpe que lo arrojó contra un árbol cercano y quedó inconsciente. Aprovechando la situación, el rey Ekiman se preparaba para morder la parte trasera del cuello del monstruo.

–¡Alto! –gritó la Reyna desde la entrada de la cueva-, no le quitaba la vista al hombre y por unos segundos sólo observó mientras el Rey permanecía alerta en un duelo de miradas con el monstruo– Es Akuh.
–¿Qué dices? ¿Cómo puede ser Akuh? –preguntó el Rey extrañado.
–Mira el color de su pelo, es del mismo color que el de tu hijo.
–Eso es imposible.

Y diciendo eso, el Rey se echó una vez más contra el hombre, pero esta vez el monstruo estaba preparado y con sus manos tomó por el cuello al Rey y los sostuvo contra un árbol. Ekiman intentaba morder las manos del hombre, se movía fuertemente intentando liberarse pero todo era inútil, con su gran fuerza el hombre finalmente rompió el cuello de Ekiman y arrojó su cuerpo en el claro frente a la cueva. La Reyna soltó un aullido de tristeza en ese momento y corrió a ver al Rey.

–Akuh, ¿cómo pudiste matar a tu propio padre?

El hombre aún mostraba su rostro lleno de odio pero aún así dio unos cuantos pasos atrás y cuando pretendía emprender la huída, el príncipe Ekih se le lanzó al cuello y lo mordió causando que su sangre empezara a brotar a chorros recorriendo su cuerpo. El monstruo cayó al suelo llevando sus manos a su cuello intentando contener la sangre mientras el Príncipe corría al lado de su madre.

–¡Descuida madre, he matado el monstruo, he vengado a mi padre!
–Él… Él… Él era tu hermano Ekih –dijo la Reyna con tristeza sin dejar de ver el cuerpo inerte de Ekiman.

Entonces Ekih giro para ver el cuerpo del terrible monstruo sentado y desangrado en la base del árbol donde había matado al Rey, pero en su lugar sólo se encontraba el pequeño cuerpo de un lobo café tan apacible que bien podría decirse que dormía.

Finalmente el resto de los lobos comenzó a regresar a la cueva del Rey sólo para ser testigos tardíos de lo que había ocurrido ahí; el Rey estaba muerto al igual que el príncipe Akuh, la Reyna lloraba la muerte de ambos lobos y los últimos rayos de la luz azul de la Luna llena eran extinguidos por los tempranos rayos solares.

4

    Ese mismo día, cuando el Sol se encontraba en lo más alto del cielo, una ceremonia se llevaba a cabo con todas las tribus de lobos del bosque, todos los lobos lamentaban la muerte de su Rey y Príncipe a manos del terrible hombre, eso es lo que se había contado para salvar el honor de Akuh, nadie supo nunca que uno de sus Príncipes fue quien mató a su padre gracias a un odio natural de los hombres que era alimentado por el trato que había recibido siempre.

 Esa misma noche, bajo la luz de la Luna, Ekih era nombrado Rey de todos los lobos en una ceremonia sencilla, pero más que nada triste. El nuevo Rey guardaba en su interior la muerte de su pequeño hermano como el acto que le había conseguido el trono.

 

 

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ElZash

ElZash

CEO de TheZash.com Comunicólogo • Publicista • Mercadólogo • Diseñador • Fotógrafo • Escritor • Cinéfilo • Deportista • Gamer • Valar • Chingón • Friki • Geek • Mamón • Sarcástico • Interactivo • Touch • Y más!

One Comment:

  1. Me gustó mucho el relato, el giro al final me sorprendió!!!!

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